10 de febrero de 2011


Sabía que volvería a perderme como se perdía mi pensamiento cuando él me miraba, que volvería a equivocarme cuando por su mente pasase una idea contraria a la mia, arrastrándome sin remedio por aquellos oscuros senderos de latente placer que hacian que mi cuerpo se encogiera y se estirara bajo su voluntad.
Sabía que me daría igual, ahora y en cualquier entonces, las voces de mi escasa conciencia que gritaban, advirtiendome del maravilloso error que cometería una y mil veces con él. Porque sabía que mi cuerpo, y quizás tambien mi alma, se enfurecerian si no tocaba aquella suave piel que tenía, sino correspondía a esos besos efímeros que robaba de mis labios cuando la necesidad se podía ver a simple vista en su boca, o quién sabe, quizás fuera sobre todo el mono de su voz que tenía cada parte de mi ser metido en mis entrañas.

No hay comentarios:

Publicar un comentario